Cuando todavía falta algo más de un trimestre para finalizar el presente curso escolar, en las distintas comunidades autónomas españolas se van iniciando los procesos de escolarización; como siempre, no exentos de polémicas; con el fin de asignar y garantizar, para el próximo curso, un puesto escolar a todos los niños, adolescentes y jóvenes que se encuentran en edad de estar escolarizados.
Este derecho que nos puede parecer obvio y que así viene recogido en los derechos humanos en el nº 26: "Toda persona tiene derecho a la educación..."; sin embargo, en muchos países, es todavía una realidad lejana, y se calcula que actualmente hay más de 130 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria que no están escolarizados y que se ven privados de ejercer este derecho. La principal razón que les impide recibir una educación es, entre otras, la pobreza extrema y la falta de recursos económicos que afectan a sus familias y a los países donde viven.
La privación de este derecho supone graves pérdidas para ellos, así como para la sociedad en que viven, que sin hombres y mujeres con una formación adecuada no podrán salir de la marginación y el subdesarrollo en el que se encuentran atrapados, y la peor suerte la tienen las niñas, aún cuando teniendo en cuenta que según Agnes Cripps, "Educar a un hombre, es educar a un inidividuo y educar a una mujer es educar a una familia".
Pablo VI en 1967 en la encíclica Populorum progressio, en el n 35, afirmaba que. "La educación básica es el primer objejtivo en un plan de desarrollo. Porque el hambre de cultura no es menos deprimente que el hambre de alimentos.... Saber leer y escribir es tanto, como volver a encontrar la confianza en sí mismo y la convicción de que se puede progresar personalmente junto con los otros".
Por tanto, la alfabetización es un elemento imprescindible para permitir el desarrollo y el progreso de la sociedad, así como la integración social y la promoción de la persona y en la que los gobiernos de las naciones deben comprometerse por garantizar que todos puedan tener acceso a una educación básica y nosotros que hemos tenido el privilegio de nacer en el primer mundo, sentirnos con el deber y la obligacón moral de solidarizarnos con quienes están más desfavorecidos y luchar por conseguir la erradicación del analfabetismo en el mundo, porque sólo así será posible eliminar las grandes desigualdades entre los países, el subdesarrollo de los pueblos y la marginación de las personas.
Aprender a leer y a escribir, son los primeros pasos de un proceso de enseñanza-aprendizaje que tiene como fin el desarrollo integral de la persona, garantizándole la posibilidad de desarrollar su vocación, de poder contemplar la realidad que les rodea desde otra perspectiva que les invita a superarse para hacer realidad un mundo mejor y más justo, donde es posible que los hombres y las mujeres vivan con dignidad.