Parece ser que la vida en muchas ocasiones es como una de esas pinturas negras de Goya en las que describía la crueldad a la que puede llegar el ser humano, y el horror que queda marcado en tantos rostros y corazones.
Es cierto que la cultura nos ha ayudado a crecer, pero también ha hundido a muchas personas en los mayores soportales de miseria. No me refiero a esos que identificamos con facilidad , sino a esos otros que están más ocultos: son como el cáncer que van acabando con la persona poquito a poco con un sufrimiento callado. Y viven a las afueras de su propia vida, porque se las ha anulado, porque no pueden vivir dentro de ellas mismas ya que solo hay sufrimientos estúpidos apoyados culturalmente: "tu naces para esto y tu para esto otro". Nadie puede decidir las actividades que puede o debe hacer una mujer o un hombre.
Me gustaría recordar a todas esas mujeres que empezaron a luchar por las derechos de la mujer en todos los sectores, incluida la iglesia en la que las mujeres nos vamos abriendo camino aun con mucha dificultad. ¡Gracias!, pues por vuestra lucha nuestras voces no quedan en el olvido. Pero en el mundo todavía hay muchas mujeres amordazadas de muchas maneras, sin derecho a tener voz y voto. Creo que, como mujeres, tendríamos que hacernos oír para seguir denunciando tantos abusos que cada día atentan contra la vida de tantas mujeres.
Puede que a nuestro lado tengamos a una de esas mujeres amordazadas por aquel que un día le prometió respeto, pero como casi siempre “las palabritas se las lleva el viento”.
La conocí hace unos años es una mujer joven pero parece mucho mayor, la vida le ha dado muchos palos y su marido también, en muchas ocasiones no sabe ni por qué vive, luego rectifica, vivo por mis niños.
Me cuenta que ella era una mujer alegre, le gustaba hablar con la gente, pasarlo bien, salir de fiesta con sus amigas y por su forma de ser alegre abierta dice ella le pasó lo que le pasó; una noche la violaron, la humillaron insultándola " ya tienes lo que querías"; eso fue lo que le dijeron.
Su familia no la apoyó, eso no lo podía saber nadie, porque ¿que pensarían de la familia?; ella estaba embarazada, lo único que le proponían los hombres de la casa era abortar; ni un cómo estas, ni cómo te sientes, ¿necesitas ayuda?, nada de eso. No pudo sacar su rabia, su dolor y poco a poco se fue apagando, dejó de sonreír, de salir, de comunicarse; le habían demostrado que no era nada, simplemente un objeto, en este caso roto. Se encerró en su propia soledad y oscuridad. Pasado algún tiempo le insinuaron que ya era hora de salir de la casa, que se tenía que casar, ya tenía edad suficiente. Y se casó con un lobo feroz, que le prometió muchas cosas, y no ha cumplido ninguna. Esperando que mejorasen las cosas decidió viajar a España en busca de trabajo y un futuro para sus hijos; con ella iba el lobo feroz que se ve herido en su orgullo machista ya que es ella la que consigue trabajo y lleva el dinero al hogar.
Un día llegó a casa con la cara destrozada: no parecía ella de la paliza que le había dado; no quiere denunciar ya que sus hijos no están en España y tiene miedo a perderlos. Espera que cuando sus papeles estén en regla se pueda traer a sus pequeños y por medio de la ley, si es que sirve de algo, pueda denunciar a su agresor, y sentirse protegida. Pero en estos casos parece ser que no funciona -solo hay que ver las muertes que llevamos en lo que va de año-.
No se qué será de esta mujer, el caso es que sentía la necesidad de contar su historia, que es la historia de muchas mujeres de nuestro mundo; quería que su lamento se escuchase. Las mujeres no somos objetos de usar y tirar, no hemos sido creadas únicamente para procrear, ni para el cuidado de la casa, los hijos y el marido. Como mujeres estamos capacitadas para realizar cualquier cosa que queramos, y no tenemos oficios exclusivos como el cocinar, el coser o planchar por decir algunos. Así se ha querido hacer ver siempre, y así se educaba a la mujer para ser buena madre y esposa. Espero que poco a poco todas estas tonterías las vayamos tirando al cubo de la basura, soltemos las escobas y las fregonas y cojamos papel y pluma para escribir nuestra propia historia, la que nosotras decidamos, y no la que se nos quiera imponer, porque no somos el sexo débil como se dice. ¡Resurgimos de las cenizas si es necesario!
|