Otro soportal que ha engendrado mucha miseria y desesperanza, en muchos hogares de todo el mundo, sigue siendo el machismo, potenciado por los dictadores, apoyado cultural y religiosamente por el desatino de Eva al comer del árbol prohibido y darle al pobre de Adán. Por suerte esto va cambiando. Sigue habiendo tiranos, eso sí, más camuflados pero igual de aniquiladores.
Fruto de esta tiranía, “ella” por hablar de una, a parte de ser apaleada y humillada, es condenada por otras tiranías que se le suma a la anterior: la ignorancia, la pobreza, o la desesperanza, que al fin de cuentas se ceba y vive a costa del más débil.
Sus ojos celestes reflejan la hondura de la tristeza de su mirada. Sola en un rincón, está profundamente ensimismada recordando o pensando en alguien. ¡Cómo no!: es madre y piensa en su hija que esta a miles de kilómetros de distancia.
Me acerco con cuidado y respeto. Le pregunto su nombre -Me gusta tratar a las personas por su nombre, pues esto dignifica a la persona y le da identidad-. Empezamos a charlar un poco de todo y de nada, pero pronto brotan de sus profundos ojos un manantial de lágrimas imposible de detener.
Era una buena esposa y madre, se había casado joven, dejó sus estudios porque su marido tenia un buen trabajo, y ella tenia que ser “la señora de tal” y como tal dedicarse al hogar y los hijos. Durante algún tiempo fueron felices. Ella, como fiel esposa y madre, se dedicaba a lo suyo: la “casa”; él a los negocios, cenas, y alguna amante que otra. Hasta que un buen día, después de haber dedicado toda su juventud al hogar y los hijos, él le dice que la deja, y ¡cómo no! por otra más joven. La deja sin nada; los hijos ya mayores fuera de casa. Ella no tiene nada: ni trabajo, ni dinero, ni formación.
Un buen día conoce a una persona y piensa que puede comenzar de nuevo. Se dice: la esperanza no esta perdida. Pasa un tiempo y él le propone hacer un viaje a España; la invitación es atractiva y se lanza. Lo que no sabe es que hay lobos disfrazados de corderos.
Cuando llegan al aeropuerto la detienen: en su equipaje encuentran droga; no entiende cómo ha podido pasar eso. Su llanto es fuerte: “yo nunca he estado en la cárcel, nunca he hecho nada malo”. Su llanto es más fuerte aún: “… y eso de la maleta no era mío, yo no metí eso en mi maleta, ¿cómo pueden hacerme esto?”.
Se lamenta de toda su vida, de lo tonta que fue al dejar de estudiar; ella con sus estudios podía haber afrontado muchas situaciones, pero se enamoró de un hombre que la anuló como mujer, y como persona.
Ha pasado ya tiempo. Ahora puede hacer otra lectura, porque Dios escribe en renglones torcidos. Ella se esta encontrando consigo misma, dándose cuenta de su valía como mujer, que no necesita tener a ningún hombre a su lado para que la saquen adelante. Hoy tiene sueños y proyectos para cuando salga, sabe que le falta bastante para cumplir su condena, pero es una mujer de Fe dice: “Mi Diosito no me abandona el me da la fuerza para seguir adelante”. Yo la creo, no es la misma que cuando entró, asustada e indefensa.
Es verdad que Dios hace milagros cada día: levantando al caído, acogiéndolo, diciéndole: ¡Animo yo estoy contigo! Estés como estés y te falte lo que te falte, yo estoy contigo. Mi amor es tan grande por ti que no me puedo olvidar de ti ni un instante. Yo nunca te abandonaré, Yo te dignificaré y te daré tú propia identidad: la de hija amada, con la gran valía de ser mujer.
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