"Oh Jesús de mi corazón: Un recuerdo cruza por mi mente en este momento que de confusión me llena. Un año hace que se abrió esta casa para dar gloria a Dios ¡Quién hubiera jamás imaginado los beneficios que íbamos a recibir, las criaturas tan necesitadas que aquí se acogerían y que la obra, comenzada llena de temores, se desarrollaba de una manera prodigiosa en breves meses!
¿Quiénes somos nosotras, Jesús mío, para que te hayas dignado escogernos a tan sublime destino? Te ofrecimos, con el alma llena de gozo un recinto más en la tierra donde se adore tu nombre santo día y noche y se disfrute de tu grata compañía y donde miles de almas vengan a gozar de las delicias de la Eucaristía. Hace un año hoy, no comprendíamos cómo podríamos sostener nuestra empresa.
La fe crecía al ver que se sucedían los meses y en cada uno de ellos admirábamos un nuevo prodigio; repetidas veces exclamábamos:
¡Qué bueno es Dios para nosotras"
Mariana, 2 de febrero de 1886