TESTIMONIOQuerido Padre, tú bien sabes que mi vida ha estado cargada de sorpresas, algunas buenas y otras no tanto, pero de todas ellas he aprendido que tú siempre me acompañas. Mi fe en ti comenzó de bien pequeña y fuiste un pilar esencial en mi infanciaporque no fue tan dulce como hubiera deseado. ahora eso quedó atrás pero hubieron momentos en los que sentí tu abrazo y tu apoyo, en los que surgía una fortaleza en mí que no era propia sino tuya.
Cuando estaba tan triste que ni en la naturaleza tenía paz, tú estabas conmigo, sentía tu mano y la frase: '' continúa, tú puedes, yo estoy contigo ''. gracias a esa fortaleza no me dejé vencer y aunque hubiera momentos en los que habría tirado la toalla.
En otros momentos, cuando perdí la fe en mí misma, cuando perdí el valor de seguir viviendo, tú y mi família me dábais un motivo para intentarlo de nuevo al día siguiente. Miraba al cielo y encontraba esperanza. Esa esperanza que necesitaba sentir para no perder la ilusión, para que al sonar el despertador, no deseara que pasaran las horas para que no hubiese un nuevo día. Por fin descubrí que sí habían personas por las que valía la pena luchar. Y lo más importante, descubriría que yo también valdría la pena.
Unos años después, al cambiar de colegio y ver que había perdido la fe en la gente, en mí y en mi vida, tú me demostraste que nada estaba escrito, me mostraste el camino a la felicidad más intensa. Llegué a un colegio: SANTÍSIMA TRINIDAD, tenía miedo de la gente pero tú me diste el empuje y un sueño: recobrar la esperanza y el motivo para que mi vida tuviera un sentido. Allí conocí a las mejores personas de entre millones y ellos y ellas están hoy aquí. Gracias Señor por ponerlas en mi camino, porque me han dado las ganas de no dejar de sonreir. Gracias a todos porque sois mi vida y mi ilusión, mi lucero. Encontré trambién un apoyo en mi fe, Lourdes, incansable como pocos que a excepción de mis amigos, pocos lo habían hecho. Así conocí a las Trinitarias, de las que aprendí su entrega, su disponibilidad y su cercanía y te doy las gracias Padre por este regalo, el don de conocerlas y por los dos mejores años de mi vida acompañada de toda mi gente que me han enseñado que es posible ser feliz si luchas.
Es cierto que hay cosas que no puedo controlar como una enfermedad que tengo (hipotiroidismo) pero no me ha quitado la ilusión sino que me ha dado un motivo para pensar que aunque haya cosas malas cuento con lo mejor.
Yo a los jóvenes les diría que te den una oportunidad, que vivan la fe de una manera personal, no como una obligación sino como una elección sobre si quieren que Jesús les acompañe en su camino, como un apoyo, como un amigo.
Para acabar, Padre, te quiero dar las gracias por darme fuerzas, por ponerme la Charola en mi camino donde he aprendido la unión entre ciudades donde los km no pueden separar a los verdaderos amigos y por darme la oportunidad de ver que nada estaba escrito.
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